viernes, 8 de diciembre de 2017

12. Las 24 horas de Hannut (28-29/10/2016, Hannut-Bélgica)




Imagínense que están en un avión con todos los pasajeros dispuestos para despegar. Todo el mundo agazapado en sus asientos, pero el aparato no se mueve. Ni siquiera las azafatas han representado los juegos malabares para enseñar los métodos de evacuación al aire, porque es sabido que nadie hace puñetero caso a este acto hasta que pasan cosas como lo del Coloso en Llamas o la Aventura del Poseidón. Tampoco se ha obligado por megafonía a apagar los móviles. El retraso es de diez minutos. El sobrecargo avisa por megafonía “estamos esperando a un pasajero, el vuelo se retrasará”. Decido encender el móvil de nuevo. Con estupor, leo en todas partes que se ha declarado la República Catalana a las 16:44, un minuto atrás. El avión sigue quieto. El pasajero no aparece. El sobrecargo vuelve a avisar “seguimos esperando a un pasajero, el vuelo se retrasará diez minutos más”. Comienzo a recordar lo que me ocurrió en el Puente de Diciembre de 2010 cuando mi vuelo a Tenerife fue literalmente el último en salir de El Prat antes de declararse la huelga de controladores que paralizó las vacaciones de media España. También me acordé de dos semanas atrás, cuando el coitos interruptus de Puigdemont con su no-declaración de independencia me cogió aparcando y apagué la radio justo antes de que suspendiese la declaración. Estaba claro que el despegue hacia Bélgica pendía de un hilo, y mientras me mentalizaba de que Hannut podía irse por el desagüe, para distraer los nervios, me puse a tararear entera la Quinta Sinfonía de Ludwig Van – que dirían los Nikis -, una de las piezas musicales que extrañamente recuerdo casi como si fuese un Karajan de la vida. Finalmente, con el Allegro del tercer movimiento entró en el avión el pasajero faltante, que no sabía ni a dónde mirar, se escondió en su asiento, los motores rugieron y el aeroplano despegó, dejando atrás la nueva república catalana, la nueva Isla de La Fantasía en la que muchas familias irían a pasárselo en grande. Respiré. Tres días lejos de esa vorágine valen más que cualquier balneario. Y no todos los días se declara una república dentro de un avión.


Corramos un fundido hasta el sábado al mediodía, ya en la ciudad de Hannut, la Shangri-La puzzlera, ese Horizonte Perdido o el Paraíso en el cual durante veinticuatro horas el mundo deja de ser un mundo loco y se transforma en otro más loco, desglosado en el más de millón de piezas que encajarán los 124 equipos que disputan el Campeonato Europeo por Equipos de Puzzles. He aquí que me hallaba en dirección el Carrefour en busca de provisiones glucémicas para la noche con la expedición entera de los dos equipos de la AEPUZZ (Asociación Española de Puzzles), y reconocí al instante la figura del mastermind del World Puzzle Days, Günther Simetsberger. A escasos metros de él, lo llamé por su nombre. Me miró como si hubiese visto un fantasma, de los de sábana blanca, como el Balulún del Osito Misha o los cuatro acosadores sexuales de Pac-Man. Horas más tarde, ya en plena competición, me comentó: “Por Facebook esperaba que fueses más alto”. Lo que es sacarse fotos siguiendo consejos de expertos en postureo.

En lo que se refiere al concurso propiamente dicho, fue ganado por el Siberian Team, una especie de combo de autómatas que parecían la selección rusa de fútbol de los años 80 entrenada por Valeri Lobanovsky, una máquina de triturar rivales con Igor Belanov, Oleg Protassov o Rinat Dasaev de estandartes. ¿Se acuerdan? Pues imagínense ese mismo equipo – casi el Dinamo de Kiev – en versión puzzle, una cadena de montaje perfecta, cuyos componentes seguramente conocían y habían montado ya gran parte de los puzzles del concurso con anterioridad. Recordemos que es habitual en los equipos rusos que algún patrocinador les surta con todas las novedades del año y así puedan ensayarlas en casa para reducir en Hannut los tiempos de montaje. Yo formaba parte del AEPUZZ A, con la siguiente alineación:

Jaxeline Blanco (Málaga)
Alejandro Darias (Santa Cruz de Tenerife / Vulcano)
Susana Domínguez (Jerez de La Frontera)
Alba Navarro (Manresa)
Javier Parra (Andorra)
Meritxell Quintana (Andorra)
Pilar Varela (Viladecans)

Y se montaron siete puzzles completos y 1430 piezas de un octavo de 2000. Entre paréntesis, anotamos el tiempo de montaje y la hora de finalización del mismo.

Puzzle nº 2, 1000 piezas, “Monigotada histórica de Van Eesteren” (2h 17’ / Sábado 18:03)
Puzzle nº 3, 1000 piezas, “Muñeca Adele” (1h 33’ / Sábado 19:36)
Puzzle nº 4, 1000 piezas, “Los pájaros coloridos. El Loro Parque psicótico” (3h 13’ / Sábado 22:49)
Puzzle nº 5, 1000 piezas, “El Coliseo romano” (2h 06’ / Domingo 00:55)
Puzzle nº 6, 1000 piezas, “Band of thunder bis” (2h 43’ / Sábado 03:38)
Puzzle nº 7, 1500 piezas, “Monigotada playera de Van Eesteren” (5h 36’ / Domingo 09:14)
Puzzle nº 8, 2000 piezas, “Papanoeles esquizofrénicos” (1430 piezas / Domingo 15:00)

El primer puzzle se montó con presteza, aunque las zonas negras del borde padecieron el efecto Educa. Había piezas que parecía que encajaban en varios sitios a la vez. Pero empezamos entre los quince primeros, lo que nos daba un buen impulso. El segundo puzzle también fue bien, aunque la monigotada habitual del dibujante Van Eesteren suele provocar que se tenga que montar gran parte del puzzle mirando la imagen de la caja en una labor de picar piedra. Continuaron las cosas sobre ruedas con el tercer puzzle de la muñeca Adele, muy divisible en zonas, coser y cantar para cualquier puzzlero que se precie. Y entonces llegó el primer murazo del torneo. Un puzzle repleto de pájaros, aves de carroña y papagayos que parecía la concentración en 1000 piezas del famoso “Vida salvaje” de Educa. Los miles de colores hacían imposible cualquier clasificación y el puzzle se tuvo que montar a pelo con paciencia infinita. Momento ideal para desertar a por unas albóndigas con salsa y una sopa de cebolla. Cuando parecía que quedaban doscientas piezas, pues se hacía paradójicamente más complicado seguirlo, como si el estar acabando el puzzle fuese un lastre más para finalizarlo. Jocosamente comentaba durante el concurso que el momento más difícil de la entrega de los proyectos de arquitectura es cuando mandas a imprimir todos los planos a última hora y deseas que no salga ninguna cagada, o mejor aún, ni miras lo que escupe el plotter y pliegas los planos mirando a Cuenca. El quinto puzzle nos recuperó bastante, con el paraíso gatuno romano como protagonista, el Coliseo, ese estadio que fue parcialmente rapiñado para construir otras cositas por ahí en un claro alarde de concienciación ecologista y reutilización de materiales. El sexto puzzle fue muy parecido a uno de la marca Ravensburger que me tocó en el Concurso de Mora d’Ebre de 2015 – y que gané -, una banda de caballos desbocada. La clave, solucionar el lío de patas y el fondo verde. Viendo la cantidad de gente que gastó el comodín en ese puzzle, creo que se finalizó con un muy buen tiempo a las tres y media de la madrugada.

Era obvio a esas alturas que el Tourmalet o triada de los puzzles de 1500-2000-1500 sería nuestra meta, porque nos quedaban poco más de once horas y en los puzzles grandes el coste de tiempo por pieza se multiplica por tres o por cuatro. Otra monigotada de Van Eesteren causó estragos y nos colocó a los albores del temido 2000 con los olores del chocolate del desayuno. Estoy seguro de que si en vez de a Van Eesteren utilizasen las historietas de Francisco Ibáñez para las imágenes, los españoles seríamos campeones indiscutibles. Qué placer montar un 13 Rue del Percebe de 2000 piezas sin tener que buscar en la imagen los personajes, porque cualquiera que se haya criado antes de la generación Millenial sabe quién es Don Hurón, Don Sesén o el timador del ático. Después del puzzle de las dunas plagadas de camellos y demás machanguitos producto de la imaginación de Van Eesteren, me retiré a desayunar. Por el camino, me encontré a Günther Simetsberger, que recordemos que dormía en su coche, como el protagonista de “El cielo se equivocó”. Hablando de nuestras cosas, nos plantamos en el tenderete de venta de vales para el restaurante…

ADM: “¿Me da catorce tickets, por favor?”
Ticketero: “¿Voulez-vous sangría?”
Günther: “¿Sangría? ¿Qué dice este hombre? No entiendo el idioma de esta gente.”
Ticketero: “Vous etes espagnols?”
ADM: “Yo soy español, español, español. ¿Cómo lo supo?”
Ticketero, señalando la camiseta de Spain Puzzle Team: “La chemise!”
ADM: “Ostia, es verdad. Podría llevar la zamarra del Real Madrid y haberme olvidado también.”
Günther, dándose la vuelta y ensañando su nombre impreso en la camiseta: “Ich bin Österreicher!”

Después de un desayuno consistente, rematamos la faena llegando hasta donde pudimos con el collage de Papanoeles digno de la rabia más profusa de Mr. Scrooge, y cuando sonaron las 15:00 horas del Domingo en un estado de euforia absoluta, llegó el temido momento del recuento. Se acercó un señor que parecía sacado de la Mansión de los Plaff y nos pidió desmontar el puzzle y contar las piezas por montones de diez. Susana Domínguez le sugirió contar las piezas sin montar, más que nada, porque eran 500 y no 1500, pero el señor con un escueto “C’est le reglement” insistió en arrastrar el piano a la silla. Lo que siguió después fue un festival de irregularidades más grande que el arbitraje de Ovrebo en el Chelsea-Barcelona, con montones de diez que se contaban dos veces, con montones de nueve que eran de diez, con piezas de un montón que se desparramaban encima de otro…y el hombre, passant de tout un kilo. En fin, que quedamos en un honroso puesto 26 de 124 participantes, que no está absolutamente nada mal.

Después de la entrega de premios y las despedidas generales, la vuelta a Lovaina del Domingo – gran parte de la expedición hacía noche en esa ciudad - fue la demostración de que el cuerpo humano, cuando quiere, puede poner el modo de ahorro de energía y limitarse a respirar y comer. Desde la salida del Marché Couvert hasta la cama de mi habitación-buhardilla del Hotel Getaway Inn, solamente recuerdo dar cabezadas por todas partes, con un doner-kebab en el centro de Lovaina como cena para echar combustible a un estómago lastrado por una alimentación pizzera y galletera. Ni siquiera pude comprobar si la grieta de la pizzería que visitamos el año pasado había sido reparada, porque el establecimiento había pasado a ser un restaurante japonés, y después del puzzle de 500 piezas del sushi que abrió el concurso, antes preferíamos comernos las piezas que cenar esas pijadas provocahambre. El ascensor asesino del párking de Bruselas esta vez no tuvo oportunidad alguna de hacer de las suyas. Ni siquiera nos subimos a él. En esta ocasión el papel psicópata pasó a la escalera del Hotel Getaway Inn, que al más puro estilo de las mejores escenas de las películas de Hitchcock, en dos ocasiones, intentó provocarme un esguince de tobillo y otro de rodilla. Por suerte, falló estrepitosamente, no sin provocarme un intenso dolor durante varios minutos. 

En la visita de rigor a Bruselas, nos enteramos por la prensa local de la visita inminente de Carles Puigdemont. Por ello, decidimos volver a toda prisa al aeropuerto, no sin antes rematar el viaje con la última anécdota. Un nativo se dio cuenta de mi acento español y me pregunto:

Belga: “¿De dónde son ustedes?”
ADM: “De Cataluña, en España.”
Belga: “¿Cataluña? Buffff!!!! Pero…¿qué pasa ahí? Nosotros oímos muchas cosas, pero no tenemos ni idea.”
ADM: “No crea que sé más que ustedes. Ni siquiera los políticos lo saben”.
Puzzle nº 1
Puzzle nº 2
Puzzle nº 3
Puzzle nº 4
Puzzle nº 5
Puzzle nº 6
Puzzle nº 7
Puzzle nº 8

sábado, 2 de septiembre de 2017

11. I Campeonato de Puzzles de Viladecans (3/6/2017)




Oficialmente, el Primer Concurso de Puzzles de Viladecans nació el 3 de Junio de 2017, pero el embrión fue gestado casi medio año antes por una de las fundadoras del Puzzle Viajero, Pilar Varela, y Alejandro Darias se sumó a la organización poco después. Cataluña siempre ha tenido un enorme potencial y una afición cimentada desde aquellos tiempos en los que se celebraban los Campeonatos de Puzzlemanía en la Estación de Sants a mediados de los años 90, que funcionaban de oficio como la máxima prueba disputada en España. Esta prueba desapareció, pero en su lugar empezaron a brotar más tardes convocatorias como las de Terrassa (Toy Planet), Móra d’Ebre (Casa Carreres), Girona (Zeppelin), el paquete de concursos de las Festes de Gràcia de Barcelona, multitud de torneos de Fiesta Mayor como los de El Catllar, Sant Esteve Sesrovires, recién nacidos como el de Andorra, e incluso algunos relacionados con el ajedrez como El Puzzle-Chess de Mas Guinardó o los concursos anexos a los Campeonatos de Edades de Cataluña.

Por todo esto, el caldo de cultivo se presenta idóneo para la instauración de nuevas pruebas que calmen el hambre de competición de los aficionados residentes en Cataluña, y el I Campeonato por parejas de Puzzles de Viladecans registró un lleno total de 30 dúos inscritos con siete más en lista de espera. Se celebró en los Jardines de Magdalena Modolell en la trasera del Ayuntamiento, lo que favoreció la afluencia de paseantes y curiosos que se aproximaban a observar el transcurso de una actividad seguramente desconocida para ellos. El pronóstico se presentaba algo incierto, aunque las parejas formadas por las hermanas Sonsona Torrent de Sant Vicenç dels Horts y los hermanos Mercè y Mateu Torrà (otra integrande de la familia, Dolors Torrà, fue Campeona de España en 2014) se presentaban como caballos ganadores. Le seguían la pareja andorrana de Javier Parra y Meri Quintana (segundos en Andorra) y dúos de nueva formación como el de Sandri Herrero y Soraya Pérez o el consolidado de Jimena Gordillo y José Luis Ruiz – recientemente trasladados a Barcelona – podían dar mucho de qué hablar. Hay que destacar que algunos participantes se metieron entre pecho y espalda varios centenares de kilómetros para competir, lo que demuestra la gran afición que existe y la salud.

El puzzle de 500 piezas de la Marca Educa fue un collage de corazones cartesiano que podría ser calificado como fácil si nos atenemos a los procesos de clasificación de piezas. 35 cuadrados con 14 ó 15 piezas cada uno, lo que convertía la tarea en un mecanismo bastante automatizado, como el “dar cera, pule cera” de Karate Kid. Los tiempos lo demostraron: Las tres parejas que ocuparon los primeros puestos bajaron de los 40 minutos. Las vencedoras, las hermanas Sonsona Torrent – 16as, 13as y 19as en los últimos tres campeonatos de España, situaron el crono en los 35 minutos. A rebufo con 37 minutos se colocó la representación de los Torra de Sabadell, y dos minutos más tarde el combo formado por la ibense Soraya Pérez y Sandri Herrero de Alcalá de Henares, la otra mentora del Puzzle Viajero. Los gerundenses Quim Faig i Né Traoré – que ya habían participado en el Primer PuzzleChess de Barcelona, como una decena de jugadores del concurso - se dieron a conocer como revelación con una excelente cuarta posición y 43 minutos consumidos, desbancando a dúos que a priori parecían tener más posibilidades. El premio a la primer pareja clasificada de Viladecans, fue para el dúo Marc Alavedra y Jessica Martín, que finalizaron el puzzle en 1 hora 11 minutos.

El éxito de la convocatoria convierte la segunda edición de 2018 en una realidad y lo que puede ser el inicio de la consolidación de la prueba en Cataluña, cuyo calendario aparece cada vez más surtido de posibilidades.






domingo, 11 de junio de 2017

10. VIII Campeonato de España de Puzzles (20/5/2017, Madrid)


Se dice que el segundo salto de paracaídas es el más temido por los neófitos a este deporte de riesgo. La razón es sencilla: en el primero no sabes a lo que te enfrentas. En el segundo sí, pero no dispones de bagaje para establecer paralelismos ni conjeturas desde el punto de vista de la experiencia. Por ello, para mí acudir por segunda vez al Campeonato de España de Puzzles fue como volver como novato, con la salvedad de que el año anterior había cuajado una actuación muchísimo mejor de lo que esperaba y por ello, en éste me tocaría lidiar en la primera fila de aspirantes a los títulos. Como suele comentarse muchas veces, lo difícil no es llegar, sino mantenerse, y por ello fijé mi objetivo en mejorar, aunque fuese solamente por un puesto, el noveno puesto del año 2016 en individual y el octavo en parejas con la ibense Soraya Pérez.

El certamen tuvo lugar el pasado Sábado 20 de Mayo en Madrid, curiosamente en la víspera del trepidante final del Campeonato de Liga de Fútbol, pero a la capital de España me llegué el día anterior para tener tiempo de aclimatarme y no saltar del AVE directamente a poner piezas, algo bastante estresante desde mi punto de vista. Soy una persona de costumbres y si algo ha salido bien el año anterior, repito si puedo lo que hice el susodicho año. Así que en el AVE leí parte del nuevo libro de David Vivancos, “Producto interior muy bruto”, y le emplazo a sacar otro para 2018 que llegue a tiempo para el próximo Campeonato de España. Podría ser una recopilación de sus confesiones escondido tras una bolsa de papel marrón, ¿no maestro?

Nada más dejar la maleta y el alijo de puzzles destinados a la venta de segunda mano a amigos puzzleros en mi habitación del Hostal Zamora en el Barrio de Chueca, me fui a investigar tiendas de rompecabezas en busca de joyas escondidas. Tuve tiempo de visitar unas seis o siete e incluso me acerqué a la sucursal de J de Juegos en Alcobendas en una miniexcursión que programé después de comer el obligado bocadillo de calamares en la Calle Botoneras de la Plaza Mayor. Bien entrada la tarde, retorné a la gran ciudad y me paseé una hora y media dentro de El Museo del Prado admirando los cuadros que también eran los motivos de mis puzzles favoritos: Los Fusilamientos del Tres de Mayo de Goya (un 8000 de Educa por el que se pagan fortunas hoy en día), el Jardín de Las Delicias de El Bosco (un 9000 de Educa plagado de detalles ideados por la mente futurista del pintor holandés) o La Rendición de Breda de Velázquez (un 10000 de Educa cuyo culo de caballo de 1000 piezas marrones es mítico)… Y todo ello gratis, que a partir de las 18:00 no hay que abonar entrada. Tras la merienda cultural, tocaba la ya tradicional cena en la habitación del hostal mirando la televisión – película española para variar, y algo tostonaza - y tratando de distraer el cosquilleo incipiente de la competición, cada vez más encima. 

La competición individual empezó a las 11:00 de la mañana, una hora que particularmente se me da muy bien y en la que suelo estar en mejores condiciones físicas. Tardé una hora siete minutos en montar un puzzle de 500 piezas de una imagen de París que calificaría como fácil. Muchos “minipuzzles” que facilitan la clasificación visual, detallitos fáciles de construir de cinco o seis piezas cada uno, un cielo gradado y colores a tutiplén. Analizando el proceso del montaje, no recuerdo ningún bloqueo serio, pero sí que una las porciones que aparentemente no parecían ser complicadas se me puso burra (la del dos caballos azul) y tuve que cambiar de tercio para no empezar a perder tiempo buscando piezas que se resistían. Al final, conseguí de nuevo colarme entre los diez primeros, aunque fue in extremis. Quedé décimo de 215 participantes: un puesto por debajo del año pasado. Quizás para mí sea todavía difícil colarme entre los tres primeros en categoría individual – hay que arañar algunos minutos en procesos automáticos que no tienen que ver con la capacidad visual y allí es donde hay que entrenar más-, pero lo que sí está claro es que parece ser que soy bastante regular. Y eso ya es mucho.

Después de un almuerzo multitudinario con muchos más concursantes en un Fosters Hollywood del barrio para reponer combustible y el paso de la hora previa a la segunda competición – sin duda, el espacio de tiempo de más intranquilidad a mi entender, el campeonato por parejas empezó a las 18:00 de la tarde, y ahí sí que he de decir que esa hora para mí y mi metabolismo, biorritmos o lo que sea, no es la más adecuada para competir. En ajedrez trato siempre de evitar torneos que se disputen por la tarde y los nocturnos por razones obvias, y es que me canso antes o me asalta sueño en el momento menos indicado, lo que hace que realice jugadas de interrogación en el momento menos adecuado. Pero hay que adaptarse a todo, y además, aquí no compito solo sino en colaboración, así que biorritmos fuera. Entre Soraya Pérez y yo tardamos 43 minutos 30 segundos en montar un puzzle de 500 piezas de un paisaje costero de Cerdeña, y sin reparo alguno, creo que nuestra actuación fue excelente. Quizá la clave fue aprovechar los minutos previos a la prueba para acabar de definir las estrategias personalizadas para atacar el puzzle (el método general estaba más que decidido desde hacía semanas) y, sobre todo, la decisión de Soraya de que una persona debía encargarse exclusivamente del temido cielo, área que trajo en jaque a bastantes parejas. Así que aparte de la construcción del marco, solamente me dediqué a montar nubes y claros en homenaje al paisano Paco Montesdeoca, y cuando Soraya hubo acabado el resto del puzzle, me ayudó a llenar los huecos restantes. Resultado: un quinto puesto que mejoró en tres posiciones el octavo del año pasado, y a mi entender, sigue habiendo margen para asaltar el pódium, que ya veo al alcance con la experiencia ganada. También  considero que el haber logrado mantenernos por arriba da mayor acicate a intentar algo más grande. Para los aficionados a los puzzles que no acaben de decidirse a acudir a la cita reina en España, no esperen más. La vida pasa volando y el día es realmente memorable, tanto que a muchas personas desde que termina una edición, ya les entra la nostalgia y están contando los días para participar en la siguiente. Todo gracias a la entrega de los organizadores de AEPUZZ: Realmente se merecen un monumento para el despliegue tan profesional que realizan del evento. 

El Domingo lo dediqué a visitar el Parque del Retiro y el Palacio de Cristal, después de dejar la maleta y los puzzles del premio en la consigna del invernadero de la Estación de Atocha. Estuve mil veces tentado de ir al Santiago Bernabéu a rendir pleitesía al Real Madrid, pero insisto en que soy una persona de ciertas manías y como el equipo blanco se jugaba Liga ese mismo día y la Champions dos semanas más tarde, decidí abstenerme. Estoy seguro de que hubiese dado exactamente igual, pero qué quieren, sigo siendo un poco supersticioso.


viernes, 12 de mayo de 2017

9. I Concurso de Puzzles Andorra (6/5/2017)


420 kilómetros en un día merecen la pena para ir a participar en un Campeonato de Puzzles nuevo en el catálogo de los aficionados ibéricos, los prepirenaicos, los pirenaicos y los macaronésicos. Andorra la Vella ha albergado esta primera edición que esperemos que tenga su continuidad en los siguientes años. El atractivo es indudable: aparte del evento puzzlero – organizado por la socia de AEPUZZ Alba Navarro -, es imposible aburrirse en este universo enclavado en un valle de los Pirineos, sobre todo para los amantes del shopping libre de impuestos.

Así que los 210 kilómetros del viaje de ida los pasé tostándome por el solajero que entraba por la ventanilla del conductor – momento Richard Dreyfuss en Encuentros de la Tercera Fase - y con la música de Miranda Warning, Teenage Fanclub, The Mamas & The Papas y Paul McCartney de amenizaje. La ruta antipeaje fue un éxito y a las 15:00 horas – una hora antes del inicio del campeonato -, con los acordes de Mull of Kintyre, aparcaba en el parking del mítico edificio de Caldea y me acordaba de que no había comido nada desde las nueve de la mañana. Me dirigí a donde parecía haber un barullo de gente y me topé con la calle comercial principal, pero aparte de licorerías, bazares de electrónica o tiendas de ropa, el condumio no aparecía por ninguna parte. Para cuando había decidido almorzar una camisa recién planchada a la plancha y una colonia Massimo Dutti, me topé con la casa de Hansel y Gretel, que fue mi salvación. Con los bocadillos y la caña de chocolate en proceso de asimilación, me planté a las 15:50 en las inmediaciones de la Sede del Campeonato, el Complex Esportiu Prat del Roure, y allí se encontraban ya Pilar Varela y familia, con la que iba a competir en este certamen.

Prácticamente se colgó el cartel de lleno en el amplio local. Tanto en el torneo por parejas adultas y en el infantil se llegó a la veintena de dúos participantes. El ambiente era de fiesta. Algunos, bastante antes de darse la salida, no pudieron aguantarse y desprecintaron el puzzle, lo que ocasionó un run-run totalmente justificado y que mi cabeza decidiese añadir un artículo más a las bases del próximo Concurso de Viladecans, “Está prohibido desprecintar el puzzle antes de darse la salida. La sanción será de montarlo sin la imagen de referencia. Si además se rompe la bolsa de las piezas” – créanlo que también alguien lo hizo en Andorra –“, el puzzle deberá montarse sobre su reverso”. Finalmente, Alba dio la luz verde y todos los participantes se lanzaron como lobos hambrientos sobre las piezas.

Después de cincuenta minutos, Pilar y yo pudimos poner la última pieza del puzzle escogido, “Lluvia de colores”, un 500 de la marca Ravensburger; y acabar los primeros. No crean que no se sudó: Los segundos clasificados, unos de nuestros vecinos de mesa, una pareja residente en Andorra y muy buenos clientes puzzleros de la zona, acabaron a unos escasos dos minutos por detrás de nosotros. Hay que tener en cuenta que el tiempo para el concursante transcurre muchísimo más rápido que en la vida real, así que esos dos minutos supusieron unas escasas 22 piezas, que situadas en la recta final del puzzle, comprimen el tiempo aún más. Por otra parte, con el rabillo del ojo yo iba vigilando cómo marchaba la faena de nuestros vecinos y de más mesas; y puedo asegurar que durante el 80% de la prueba los susodichos vecinos nos sacaban una ventaja nada despreciable de 40-50 piezas. Así que cuando se llevaba el 70% del puzzle montado di por perdido el primer puesto y decidimos dar el resto por el segundo. Curiosamente, a partir de ahí, ventilamos la zona más complicada en muy poco tiempo – la de los paragüitas pequeños del tercio inferior de la imagen – y, animado porque de manera extraña los vecinos no cantaban el temido “¡tiempo!”, nos pusimos como motos y, animados por la hinchada de los retoños de Pilar Varela, metimos prácticamente todas las últimas 50 piezas al toque y ganamos. Con toda probabilidad, los segundos clasificados tuvieron un bloqueo general en la recta final. En el post-mortem, departimos con los subcampeones y les instamos a apuntarse al Campeonato de España y al Concurso de Viladecans.

Después de la entrega de premios (un puzzle 3d, camiseta conmemorativa y un vale de compra en una tienda de ropa de la capital), y con la satisfacción de que lo dimos todo en el concurso y encima hubo premio gordo, dejé a Pilar y familia en el eje comercial y recorrí los 210 kilómetros de vuelta con el amenizaje de El Carrousel Deportivo y el partido Granada-Real Madrid. No sólo de puzzles y ajedrez vive la gente. Lástima que no pudiese tostarme por el lado contrario para compensar el solajero matutino: estaba oscureciendo y, aunque no hubiese sido así, el sol daba en el asiento del copiloto. 

CLASIFICACIÓN FINAL ADULTOS
(PAREJAS QUE ACABARON EL PUZZLE EN MENOS DE DOS HORAS)

1. Pilar Varela / Alejandro Darias 50 ‘
2. Meritxell Quintana / Javier Parra 52 ‘
3. Rocío Alonso / Ángel del Pou 1 h 10 ‘
4. Anna Palté / Alicia Guitart 1 h 25 ‘
5. Elisabet Mateos / María Iluminada Sada 1 h 30 ‘
6. Oriol Taulets / Sara Fité 1 h 40 ‘

…y 12 parejas más.
Caldea
Momentos del concurso

Las tres parejas ganadoras

Recibiendo el primer premio junto a Pilar Varela
El puzzle del concurso de parejas adultas
El puzzle del concurso de parejas infantiles

viernes, 5 de mayo de 2017

8. V World Puzzle Days 2017





Organizado por el austríaco Günther Simetsberger, se trata de un evento on-line de carácter lúdico en el cual cientos de aficionados a los puzzles de todo el planeta dedican los dos primeros meses del año a su afición y muestran sus progresos en el portal de Facebook especialmente creado para ello. No existe competición en sí. Simplemente se participa aportando lo que uno puede aportar. Hay jubilados que a la semana ya se han cascado decenas de puzzles, o grupos familiares que desayunan piezas, almuerzan conservantes y cenan patrones, gente que aprovecha algunas vacaciones para aligerar su lista de rompecabezas pendientes y puzzleros autónomos que hacemos lo que podemos, arañando algunas horas al sueño. Como alicientes, aparte de compartir nuestra pasión con puzzleros de todo el mundo y henchir nuestro orgullo con montones de "likes", existe una rifa final de un montón de puzzles. Muchos son aportados por Günther Simetsberger, otros son donados por los propios participantes. Se realizan vídeos semanales con los rompecabezas más votados y estadísticas de todo tipo, como marcas preferidas, media de piezas por participante, países y concursantes más activos, etc. Destacar que para evitar trampas a la hora de contabilizar los puzzles montados o la reutilización de fotos sacadas hace meses fuera de concurso, en las tres fotos que se deben subir - como mínimo - de cada rompecabezas, tiene que salir un objeto que solamente es revelado el día antes del inicio del certamen.

En la edición de 2016 llegué a las 5.000 piezas encajadas, distribuidas en tres puzzles: el "Colour my world" de Ravensburger de 1000 piezas, que liquidé en cinco horas distribuidas en tres días; el "Paseo otoñal" de Educa de 2000 piezas, que me ocupó algo más de 21 horas distribuidas en cuatro semanas; y el "Taj Mahal" de nuevo de Educa de 2000 piezas, que esta vez acabé en unas 14 horas esparcidas en dos semanas. Me quedaron cuatro días sobrantes, pero decidí descansar, ya que me era imposible llegar al objetivo de 8000 piezas planteado al principio del evento y tener derecho a dos billetes para la rifa final (cada 4000 piezas se gana un ticket para dicho sorteo).

En la edición de 2017 me marqué tal vez un objetivo muy ambicioso, la friolera de 12.000 piezas, quedándome en 5.500 piezas al final del evento. Los puzzles montados fueron:

- Parlament in the Snow, 1000 piezas, Clementoni
- Orquídeas, 1000 piezas, Jumbo
- En buena compañía, 1000 piezas, Educa Panorama
- The Beatles Pop Art, 1000 piezas, Educa
- La noche estrellada de Van Gogh, 1500 piezas, Ravensburger

Parlament y Noche estrellada fueron premios de concursos de puzzles celebrados en 2016 - El Puzzle Chess de Mas Guinardó y el Campeonato de España -, y el de Orquídeas fue uno de los que me quedé de la participación en Hannut con el AEPUZZ A, que es el primer equipo de la Selección Española de Puzzles. Como suele ser preceptivo, coincidiendo con las vacaciones de Navidad, no me costó encadenar cuatro puzzles de una sentada hasta la segunda quincena de Enero, pero al finalizar la Noche Estrellada - que se me resistió más y evidentemente tocó en periodo profesional -, me quedaban dos semanas y media para montar el siguiente de la lista que confeccioné al inicio de la prueba, "Gorila del Congo" de la Serie del National Geographic de 2000 piezas de Clementoni. Al llegar el 28 de Febrero, me faltaban 400 piezas del fondo negro, así que lo finalicé fuera de tiempo, ya con más calma. El mismo Günther recomienda si se quieren montar puzzles grandes, empezar con ellos e ir bajando el nivel de dificultad mientras avanzan los días, cosa que yo no he cumplido en ninguna de las dos ediciones. Es evidente que si lo que se desea es montar el mayor número de piezas, con dedicarse a los puzzles de 1000 piezas durante el evento basta, pero en mi caso no me satisfacen como puzzlero aficionado a los mastodontes. Así que tendré que buscar una fórmula para aumentar más el rendimiento sin renunciar a mis convicciones.

En todo caso, destacar que este evento es todo un derroche de labor por parte de Günther, y a pesar de haber sufrido un tremendo hachazo en el número de participantes desde 2016 a 2017 (de casi un millar a unos 150 debido a que el austríaco, como es lógico, decidió cobrar un precio de inscripción que compensase todas las horas de trabajo dedicadas), sigue atrayendo a nuevos puzzleros que no disponen de eventos en su país y de esta manera pueden compartir afición y pareceres con aficionados de todo el mundo.

Sehr schön gemacht, Günther!