sábado, 5 de noviembre de 2016

6. Las 24 horas de Hannut (29-30/10/2016, Hannut-Bélgica)


Por un millón de euros, conteste, estimado puzzlero. Si solamente pudiese asistir a un campeonato de puzzles al año, ¿cuál escogería? ¿No lo sabe? Pues es muy probable que los veteranos en este mundillo, en el que las palabras Educa, Ravens, Schmidt, Jumbo o Falcon son como la lista de los reyes godos o la alineación tipo del Real Madrid - le contesten que acuda a las 24 Horas de Hannut, y añadan el Campeonato de España en producto patrio como bonus track. ¿Y por qué esa devoción por Hannut? Pues mire, Hannut es ese torneo que provoca que usted esté semanas después del certamen envuelto en una nube de recuerdos que le provoquen incesantemente el mono de volver, similar a aquel anuncio de TV de cruceros en el cual una señorita hacía que trabajaba en su aburrida oficina y recordaba los fiestorros que se pegaba en el hotel flotante de 300 metros, y de súbito comenzaba a gritar “tengo que volver”, “¡¡¡TENGO QUE VOLVER!!!”; sí, es una sensación muy parecida a la que experimenta el debutante en un Campeonato de España. ¿Insiste en preguntarme el por qué? Pues compruébelo usted mismo el año que viene, pero le voy a dar un empujoncito para tentarle, explicándole mi caso. Atienda, s’il vous plaît.

Hannut es una ciudad de 15.000 habitantes situada a unos cincuenta kilómetros al Este de Bruselas, y durante el fin de semana en el que se produce el cambio de hora, aumenta en unos mil habitantes debido al Campeonato de Europa de Puzzles Por Equipos. El certamen se celebra en el Marché Couvert, un recinto lo suficientemente amplio para albergar a ciento y pico equipos de entre cuatro y ocho personas que montarán rompecabezas a contrarreloj durante 24 horas, un bar, un restaurante, una ludoteca, una tienda de puzzles de la marca Jumbo – la patrocinadora del evento -, una sala anexa para la competición individual y dos escenarios, uno para el control y otro para el postureo de la entrega de premios y performances en una de las actividades paralelas del acto. Y allí, a las 15 horas del sábado 29 de octubre, nos presentamos los integrantes de la expedición española, integrada por cinco equipos: AEPUZZ A, B, C, D y E. Foto general, foto de equipos, avituallamiento en una pizzería y un donner kebab de la zona y a ocupar los puestos, como diría el Capitán Kirk. Innumerables fueron los caminos que hicieron que una expedición de decenas de puzzleros llegados de todas partes de España coincidiesen allí en un momento único, y seguramente innumerables las anécdotas del día previo; pero yo solamente explicaré que cada vez que me subo en un avión y éste aterriza (bueno, siempre ha aterrizado, si no malament y a encomendarse a Robert Hays), hay especímenes que aplauden. A mí nadie me aplaude cuando tramito una cédula de habitabilidad, y eso que a veces es difícil la burocracia y hasta que Correos la entregue a su destinatario. 

En cuanto a la maratón de puzzles, personalizaré en AEPUZZ A, equipo del que formé parte. Se empezó con un 500 de un ramo de flores en fondo blanco que duró poco más de media hora, y en el que estuve de espectador. Es evidente que los veteranos deben marcar el arreón inicial, fundamental para no perder comba desde el principio. Aclaro que cada vez que se acaba un puzzle, hay que avisar acústicamente al jurado o a un controlador – que conviene tener atado en corto un minutos antes para evitar retrasos misteriosos -, y están prohibidas las vuvuzelas, eructos y pedos sonoros como señales acústicas. Se sella la finalización del puzzle, se recoge al instante – ah, qué efímera es la vida de un puzzle montado en Hannut – y un puzzlero velocista va a recoger el siguiente. Claro está que existen innovadores como Oli de La Flor – integrante de AEPUZZ C – que con tal de ahorrar segundos son capaces de inventar el básket-puzzle, es decir, lanzar la bolsa de la caja abierta a la mesa metros antes de llegar a ella. Oli, amigo, yo apoyo a los emprendedores, pero no le veo futuro a esta innovación. El segundo puzzle era un 1000 con esas imágenes de cómic de Jan Van Haasteren y entré en liza, con la emoción de ir a encajar mis primeras piezas al lado de tales primeros espadas como Ángel, Cristina, Deme o Mónica. En símil futbolístico, me sentía como mi admirado futbolista Lucas Vázquez cuando fue convocado por Del Bosque para la pasada Eurocopa. No estropeé nada y mantuvimos la igualdad casi total entre los campeones del año anterior, los rusos del Puzzle Su. Team y los franceses Les Bleus. El tercer puzzle, también de 1000 piezas, una conejada como diríamos en Canarias, llena de animales envueltos en colores pastel que a mí particularmente me sacan de quicio, ya que a la hora de clasificar no se distinguen bien en según qué condiciones lumínicas. Así que pedí sustitución y me reincorporé en el cuarto puzzle, otro dibujito cómico de un castillito atacado por un dragón naranja, que dio paso a uno de los reyes de la tarde-noche por las cabezas que derritió, un león de 1500 piezas que hizo las delicias de nuestra compañera Pilar Varela – seguramente poseerá la colección más grande del planeta de puzzles de felinos de gran tamaño – pero que obligaba a un preciso trabajo de machaca, como me gusta denominarlo, es decir, olvidar la velocidad e ir pieza por pieza, como el famoso partido a partido del Cholo Simeone. Aquí se despegaron los rusos del Puzzle Su Team media hora y Les Bleus también nos tomaron ventaja, estableciéndonos en el tercer puesto con relativa comodidad, ya que nuestros compañeros del AEPUZZ B también nos pisaban los talones. Faltando unos pocos centenares de piezas para finiquitar el felino, me fui a cenar al restaurante del recinto. Momento para hacer de corresponsal y para revisar mensajes. El Barça gana de perro al Granada, el Madrid gana con solvencia al Alavés con los culés quejándose de un penalti inexistente, el Tenerife por fin gana un partido – al Rayo Vallecano –, Rajoy es investido presidente, y los seguidores puzzleros desde España nos animan sin cesar, sin duda, la noticia más importante . Miro con recelo unas albóndigas del tamaño de dos depósitos de gas propano que aparecen en un montón de bandejas y decido ir al menú hiperglucémico y no hacer caso a Montignac, porque el sexto puzzle iba a ser el coco gigantesco que definitivamente mostraría quiénes aspiraban a algo y quiénes no, el del ciervo, “Bambi”, como se le llamó coloquialmente. Así que partimos con una recién estrenada segunda posición provisional hacia el tour de force parecido a un mini Vida Salvaje, lleno de detallitos en los que la prueba a saco volvía a ser una pérdida de tiempo y el trabajo pieza por pieza consultando la imagen era fundamental. En este 2000 estuve desde el principio hasta el final y en el que a mi entender alcanzamos nuestro pináculo como equipo, ya que lo armamos en menos tiempo que los rusos y Les Bleus. El puzzle de Bambi debía tener un condensador de fluzo incorporado, porque al acabar pregunté cuánto habíamos tardado pensando en dos horas, que resultaron ser tres y media. Cómo pasa el tiempo cuando se hace lo que te gusta y encima se aprovecha para rememorar empalmadas universitarias para estudiar exámenes o entregar trabajos a última hora. También AEPUZZ B mostró sus credenciales, superó nuestro tiempo y se situó en tercer lugar a unos diez minutos de nosotros, relegándonos a la cuarta plaza. El séptimo puzzle quizá fue el que decidió parte de nuestro destino. Esa dichosa imprenta con azules por todos lados y blancos se nos atravesó y tengo que reconocer que fue uno de esos puzzles en los que me pasé dos minutos pensando y pensando sin saber cómo atacarlo, pero es que no me podía retirar porque ya dos compañeros anteriormente habían dicho que no veían nada. Por suerte, la crisis se superó, pero a costa del cuarto puesto y ya no nos volvimos a recuperar. Siguió el puzzle más fácil de la tanda, un 1000 de unas amapolas lindísimas amapolas que ya no nos convenía porque los puzzles sencillos son como las etapas en llano de las Vueltas Ciclistas importantes, no deciden casi nada. El noveno puzzle era del formato extraño “imagine usted la imagen que hay en el punto de mira del dibujo de la caja”, lo que provocó la risible y a mi entender ridícula táctica del equipo ruso de parapetarse alrededor de su puzzle en proceso para evitar copias, y por ende meter barreras visuales. Pero hijos de mi vida, rusos, ¿ustedes realmente piensan que un puzzle se puede copiar como una chuleta de exámenes? En fin, convirtieron su chiringuito en una réplica de Fort Knox, pero nosotros ni caso. Siguió otro latazo de 1000 piezas de casilleros de gatos, cabras, ciervos y demás especímenes que con buen criterio decidí pasar a un compañero. En el interín fui a disputar la prueba individual en unas mesas más estrechas que los pupitres de Zipi y Zape. Tardé 1 hora 22 minutos en montar un puzzle Jumbo de 500 piezas, lo que me procuró el 19 puesto de 48 participantes y el ser el mejor hombre clasificado, cosa que creo que merecía algún premio, pero mucho caso no me hicieron cuando fui a reclamar mi jamón. Con la carrerilla cogida, me reincorporé al puzzle 11, el segundo criminal de la serie, un mapa de 1000 piezas del Juego de Tronos. Era la oportunidad para recortar distancias, y aunque a mi entender hicimos un gran trabajo en este rompecabezas, los rivales estaban inspirados y no perdonaron una. Quizás por ello los dos siguientes puzzles nos relegaron a la sexta posición que ya no abandonamos. Les Bleus, que habían permanecido menos preocupados por espías extranjeros y sin alharacas, adelantaron a los rusos del Puzzle Su. Team y se pusieron líderes, posición que defendieron bien hasta el final. Nosotros nos marcamos como último objetivo finalizar el duodécimo – un barrizal de juegos olímpicos del eterno Van Haasteren – para poder tener el puzzle número trece y disponer de más rompecabezas que repartir entre los componentes del equipo, y a falta de veinte minutos, nos relajamos simplemente asegurando el sexto puesto. Yo decliné estar la última media hora porque ya era incapaz de ver absolutamente nada y de encajar dos piezas seguidas.

No quiero dejar pasar la ocasión de mencionar a todos mis compañeros de AEPUZZ A, de los que aprendí muchas cosas que pueden servir para futuras ediciones. Ángel Heras es como el Hombre de La Pistola de Oro, no necesita probar si una pieza va en tal o tal sitio, simplemente lo sabe con sólo mirar. Demelza Becerra es un torbellino, te mete diez piezas en segundos y en el tiempo sobrante ha tenido tiempo de probar veinte más, la equivalente de Ussain Bolt puzzlera. Cris López es la abanderada de la clasificación, para ella, que se encajen piezas es solamente la punta del iceberg del trabajo previo de ordenar piezas por directriz, forma y color. Mónica Santiago es una todoterreno, ella arma lo que le echen, es la puzzlera universal. Luis Pavón tiene una resistencia física tremenda, yo cada vez que estaba fuera de la mesa lo veía dentro, y cuando estaba dentro, lo tenía a mi lado; hubiese fichado a este hombre para los grupos de trabajo de Arquitectura cuando había que quedarse noches sin dormir dibujando planos. Lilia Godoy es nuestra rutilante jugadora sub-12, una estrella en ciernes, siendo hija de Demelza no puede tener mejor profesora. Y un servidor, diría que tiene un estilo muy parecido a Ángel Heras – visión global del problema y encajar con la vista antes que probar -, al que se le dan bien los puzzles de alta dificultad y desatascar bloqueos, y fue un honor para mí compartir mesa puzzlera con todos vosotros. Por supuesto, felicitaciones al resto de equipos españoles de la expedición, en especial al AEPUZZ B, que quedó en cuarto puesto. Recordemos que 124 equipos participaban en la prueba.

Una de las novedades de esta edición era que se podían realizar peticiones de canciones para la música amenizadora. En la expedición española se habló por Whatssap de Manolo Escobar, sevillanas, Los Brincos y demás producto patrio, pero al parecer la cosa quedó en nada. El hilo musical que escupían los bafles perimetrales se dividió en cuatro partes bien diferenciadas: la primera, toda la tarde del sábado 29, en la que se conjuntaron Enrique Iglesias (¿quién diablos pidió esta aberración de “si te vas, yo también me voy”?), chundachundas y raps franceses; la segunda, durante la noche y madrugada del 29 al 30, con una especie de mezcla de rock progresivo y música para ascensores que provocó el colapso de muchos participantes y que el recinto se llenase de bellos durmientes – o cadáveres, como jocosamente comentaba Oliver de La Flor en un vídeo en directo -, la tercera, sin duda la más digerible, con temas de Supergrass (Alright), Phil Collins (Baby don’t you lose my number), Blur (Boys and girls, Charmless man), America (A horse with no name), 4 Non Blondes (What's up), Jacques Dutronc (Paris s’eveille), AC/DC, The Bee Gees (Stayin’ alive), Queen (Don’t stop me now) y hasta Mecano cantando en francés “Mujer contra mujer”, entre toneladas de canciones francesas desconocidas. Para deleite de los fans de Pink Floyd – que somos legión -, la guitarra de David Gilmour en “Wish you were here” cerró las 24 horas inesperadamente, y escribo inesperadamente porque la hiperrradiada “We are the champions” es la esperada en estos casos. Chapeau por la originalidad.

Tras nuestras 13.555 piezas montadas (unas 565 piezas por hora), vinieron los esperados momentos para la relajación. Para empezar, en el equipo AEPUZZ A no nos enteramos de que nos estaban llamando para subir al escenario a recoger nuestro premio al sexto clasificado – dos botellas de vino empaquetadas en plan pijo – y solamente el acento cantarín de la speaker “AEPUZZ A, pas de manifestation?” me hizo despertar, avisar a Cris López – que andaba por ahí de casualidad – y subir a trompicones a ser honorados. Eso sí, para buscar voluntarios para contar las piezas de los puzzles sin acabar, sí hicieron una llamada en español, pero creo que a esas alturas todos confundíamos el español con el esperanto y ni el Profesor Tragacanto nos hubiese alertado. Después de abandonar el Marché Couvert, regreso a Lovaina (donde pernoctaba gran parte de la expedición, paseo vespertino de un amplio convoy de los equipos de AEPUZZ A, C y E por la bella ciudad abanderada del Proyecto Erasmus (Orgasmus para muchos), cena en una pizzería del centro en la que descubrí una grieta en una pared de medio milímetro de ancho – nada importante, además estaba fuera de servicio y yo creo que esa fisura era una imagen sobreimpresionada en mi cerebro de uno de los ríos del mapa del demencial puzzle Juego de Tronos. Un asombro generalizado de que las bicis no estuviesen atadas con candado – en España un juguete abandonado durante un minuto en un parque infantil a los cinco minutos ya está en venta en Wallapop -, al día siguiente, compras compulsivas de puzzles en Lovaina, turismo en Bruselas con visitas a la Grand Place, el Manekken Pis – un machanguito con incontinencia urinaria que rivaliza con el caganer catalán a ser el elemento tradicional más escatológico -, la tienda de Tin Tin, el asalto a las bombonerías – recomiendo encarecidamente pasar de comprar bombones belgas, están tan sobrevalorados como las bravas del Tomás de Barcelona - y tiendas de gofres del lugar, algún avistamiento de tiendas de puzzles que han pasado a la base de datos de un servidor para futuras investigaciones, el ataque de un ascensor asesino en el párking de la Place de la Spagne – con una estatua de Don Quijote y Sancho en medio -, y la vuelta al aeropuerto, con varios accidentes más, como que mi anillo de casado estuviese a punto de ser engullido por la cinta transportadora de bandejas en la zona de control, pero lo cacé al vuelo y evité emular a Charles Chaplin siendo engullido por la máquina en “Tiempos modernos”; o el ataque de otro ascensor asesino en el check-in de salida que hizo que otros volviesen a emular a José Luis López Vázquez en su famosa cabina y que nuestros caminos quedarían definitivamente divididos hasta el siguiente campeonato.

Así que, estimado señor, ya sabe porqué escojo las 24 horas de Hannut si tengo que llevarme un concurso de puzzles a una isla desierta.











Expedición española a Hannut 2016
AEPUZZ A
A. Darias, L. Pavón, Á. Heras, D. Becerra, C. López, L. Godoy, M. Santiago
Montando el segundo puzzle. Lilia Godoy, Demelza Becerra, Alex Darias, Luis Pavón
Puzzle Su. Team, subcampeones 2016
Les Bleus, campeones 2016
Uno para todos y todos para uno

sábado, 17 de septiembre de 2016

5. IV Concurso Puzzles Casa La Carreres (5/9/2016, Móra d'Ebre, Tarragona)


Iba a participar en el Concurso de Puzzles de la tienda Toy Planet de Terrassa, modalidad individual, pero tres días antes de la celebración del mismo recibí (como todos los demás participantes) un Email de cancelación del mismo. Así que pese a la distancia que separa Móra d’Ebre de Hospitalet de Llobregat – unos 150 kilómetros - , decidí repetir la experiencia del año anterior y meterme entre pecho y espalda una tiradita en coche hacia la pequeña localidad tarraconense. El Concurso de Puzzles de Móra d’Ebre está limitado a dieciséis personas y que se realiza en el Teatro de la Llanterna, simultáneamente con una jornada dedicada a los juegos de rol. En la edición de 2015 fuimos siete los participantes y quedé vencedor, seguido por Nerynga Vejyta y Noelia Toledo; pero en esta ocasión, con nueve personas compitiendo, y a pesar de haber realizado casi el mismo tiempo del año pasado, bajé hasta la cuarta posición. Noelia Toledo ganó el certamen con un tiempo de 1 hora 17 minutos, Nerynga Vejyta (campeona en 2013 y 2014) la siguió con 1:19, Javi Martínez (master de la web-foro www.puzzleando.com), se situó en 1:35, y un servidor finalizó el puzzle en 1:40, un tiempo como mencioné que me sirvió para vencer el año pasado y que en éste se mostró claramente deficiente.

El puzzle, a mi entender, era de una gran dificultad. La clasificación por colores y zonas se antojaba bastante difícil al existir gran cantidad de variaciones y repeticiones de temas (en este caso, cupcakes, o el nuevo nombre para hacer mención a las magdalenas para pijo), y, tal vez por el deseo de experimentar o una excesiva confianza en mí mismo, decidí empezar por el fondo, lo que se reveló como un grave error estratégico del que ya no me pude recuperar. Los puzzles-collage son un desafío considerable para las pruebas contrarreloj y muy puñeteros, como así lo pudieron atestiguar al día siguiente en el Campeonato Individual de Valladolid, en los que tocó otro Educa de 500 piezas de un pez insertado en un graffiti multicolor. Y como siempre trato de sacar el lado positivo de las cosas, este experimento fallido estratégico sirve para afianzar líneas de ataque y consolidar la preparación para eventos futuros.

Como nota final, en una conversación por Whatssap entre los miembros de AEPUZZ (Asociación Española de Puzzles), que febrilmente estaban participando en la maratón de ocho horas de Valladolid), me enteré que el puzzle escogido para Móra d’Ebre 2016 ya había salido en dos o tres concursos anteriores en la modalidad por parejas. Quizás eso explique algo los tiempos inusualmente rápidos de esta prueba, y es que cuando toca un rompecabezas que ya se ha ensayado en casa o en otros concursos, por experiencia en mis propios entrenos, se suele montar en muchísimos minutos menos. 

La próxima prueba en la que participaré será nada más y nada menos que el Europeo de 24 horas de Hannut (Bélgica), entre el 29 y 30 de Octubre, formando parte del primer equipo de la Selección Española de Puzzles. Será la prueba más importante en la que haya tomado parte hasta ahora y la maquinaria tiene que estar engrasada si aspiramos a ser Campeones de Europa.

Panorámicas de la sala


Noelia Toledo, la ganadora
De vuelta a Barcelona, me topé con una escena insólita.

jueves, 15 de septiembre de 2016

4. III Campeonato de Puzzles La Pobla de Lillet (6/8/2016)

Dos meses exactos después del inolvidable Campeonato de España de Puzzles de Madrid, volví a la arena en un torneo por parejas celebrado en la bonita localidad pirenaica catalana, en la que al mismo tiempo está teniendo lugar la 26 Edición del Open Internacional de Ajedrez. Para la ocasión, se presentaron diez parejas, entre ellas la de Pilar Varela y Marta Freixas y un servidor con Alba NB. La modalidad en esta ocasión era construir un rompecabezas de 500 piezas a contrarreloj, en un espacio de tiempo de dos horas.

Esta vez sería el único responsable de recorrer sin incidencias los 135 kilómetros que separan Hospitalet de Llobregat de La Pobla de Lillet. He de informar que cada vez que me toca un desplazamiento de estas características a terrenos algo desconocidos, me pongo algo nervioso, pero no es porque no sepa conducir ni porque pueda quedarme dormido, sino por las reminiscencias de un desplazamiento a Llinars del Vallès hace varios años para jugar con mi equipo de ajedrez un encuentro del Campeonato de Cataluña Por Equipos. Para no aburrirles, un servidor fue directamente responsable de que una caravana de tres coches llegase más de media hora tarde a jugar a la sede del Club d'Escacs Llinars por una mala interpretación de un mapa de Google Maps y varios incidentes dignos de una película de los Monty Pyton que mejor expliquen otros. Ese día fue bautizado como "El Show de Darias" y pasó a formar parte de la leyenda negra del club.

En fin, que me desperté a las 7:30, me duché, desayuné como un campeón y me fui al coche. Como iba sobrado de tiempo, decidí ir a lavarlo en un sitio de esos donde hay muchos aspersores, de esos que le gustan tanto a cierto club de fútbol, con algo de mala fortuna, ya que una de las cuerdas de la manguera se enredó con otra de tal manera que ni Chanquete con una clase de nudos marineros la hubiese arreglado. Por fortuna, todo se arregló y decidí repostar en una gasolinera de al lado, siguiendo el consejo de los sabios wikipedas, "por la mañana los gases no sé qué no sé cuántos y te ahorras pelas, unos escalofriantes dos céntimos por litro". Misteriosamente, la cola para ir a pagar era larguísima, "pero qué coño hace tanta gente a las 8:30 de la mañana repostando en un fin de semana, panda de frikis", pensaba.

Como la maravillosa Guía Repsol me había indicado el día anterior que el trayecto duraba 1 hora y media - evitando peajes, por supuesto -, y el reloj marcaba las 8:45, respiré. Llegaría a las 10:15, la hora en la que había quedado con Alba NB en La Pobla. Pero claro, la Guía Repsol no contaba con una caravana de Harleys Davidson en la Autovía A-2, ni con ciertos conductores que iban a 50 por hora en tramos de velocidad máxima a 90, ni con un par de paradas para consultar el GoogleMaps por el miedo escénico a perderse en carreteras desconocidas. El momento culminante fue cuando, pasado Berga y a 30 km de La Pobla, me topé con un tremendo hiperboloide hiperbólico de hormigón y me vino un flash de la central nuclear de Ascó en Tarragona. Durante unos kilómetros, creí que me había abducido un ovni y me habría teletransportado con coche y todo a donde le había salido de las pelotas para experimentar con un integrante de la raza humana, como hacían con avioncitos de la Segunda Guerra Mundial. Pero el cruce esperado de la B 402 a la Pobla apareció y tuve que dejar mi experiencia en la Tercera Fase para otra ocasión. Así que llegué solamente diez minutos por encima del tiempo calculado a la Pobla de Lillet, a las 10:25, 35 minutos antes del inicio del Campeonato. Casi tardo más en encontrar sitio para aparcar que en ir a la Pobla desde Hospitalet, pero eso es otra historia.

De las dos parejas venidas de Barcelona sólo faltaba Pilar Varela, que por Whatssap nos comunicó que llegaba tarde, así que el organizador, Jordi Capellades, le dijo a Marta Freixas - su compañera puzzlera - que empezase igual, aunque fuese con un refuerzo provisional. Y llegó la hora del inicio. Diez parejas desenfundaron los dedos para armar un puzzle de una japonesa de 500 piezas. El montaje fue más complicado de lo esperado por la particularidad del patrón moderno de los puzzles Educa, en el cual algunas piezas pueden ir en varios sitios a la vez y solamente alguna diferencia verdaderamente pequeña hace que se escoja la pieza candidata correcta, o, como ocurre en casi todos los casos, se monta un conjunto y llega un momento en el que es imposible continuar porque hay espacios en los que no va ninguna pieza. Y eso me pasó en una esquina llena de dibujitos seriados de un papel pintado, que tuve que montar y desmontar seis veces hasta dar con la solución correcta. Ni que decir tiene que imitando a los loros del Loro Parque tinerfeño, entre encaje y encaje, di un mitin entre dientes sobre los especiales patrones de Educa. Por lo demás, la imagen no tenía especial dificultad y logramos acabar el puzzle los primeros en una hora cinco minutos. Pilar Varela, que llegó a los diez minutos de haber empezado la prueba; y Marta Freixas, acabaron el puzzle las segundas, con un tiempo de 1 hora y 45 minutos. El resto de participantes no acabó el puzzle, pero los terceros clasificados estuvieron a punto.

Después de la entrega de trofeos, nos fuimos todos los expedicionarios pirenaicos a comer en un refugio cercano y, con Jordi Capellades, el mentor del concurso e integrante del Peona i Peó Club d'Escacs, hablamos de puzzles, ajedrez y del Torneo de PuzzleChess catalán, que está más cerca de hacerse realidad y al que auguro un éxito rotundo.



Marta Freixas-Pilar Varela
ADM-Alba Navarro

La pareja tercer clasificada



3. VII Campeonato de España de Puzzles (4/6/2016, Madrid)

Viernes 3 de Junio, 5:00 de la mañana.

Despertar, ducha rápida y viaje en metro desde Hospitalet de Llobregat hasta la otra punta de Barcelona para coger el autobús de ALSA rumbo a Madrid. El convoy sale a las 7:00. Son casi ocho horas de viaje en las cuales me leo entero el libro de David Vivancos Allepuz “Las jugadas intermedias”. Entre otros, grande ese cuento de “Paridad” que demuestra la parida de ciertos elementos lingüísticos de cuyos nombres no quiero acordarme. Veo la película “Código fuente” en la pantallita que lleva el asiento – sin sonido y sin subtítulos -, duermo algo y fantaseo sobre el día siguiente con la excitación de lo desconocido. Llego a Madrid a las 15:00 de la tarde, cojo el metro cargado con mi maleta y una valiosa valija de cuatro puzzles encargo de una amiga. Destino: el barrio de Chueca, Hostal Zamora. Me alojo y descanso una hora solamente, ya que hay agenda apretada. Visita de cuatro tiendas de puzzles especializadas, paso por el Museo del Prado y degustación del bocadillo de calamares de la Calle Botoneras 6, al lado de La Plaza Mayor. Al final, como ya me pasó una vez en un viaje de estudios con la disyuntiva de escoger ver en directo un partido Bologna-Milán o la Torre Inclinada de Pisa, veo que no me da tiempo a ir al Prado y escojo cenar bocata de calamares y visitar el Museo del Jamón. La carne es débil. Bueno, el calamar, también. Decido dejar la observación de los hitos puzzleros El Jardín de Las Delicias, Los Fusilamientos del 3 de Mayo o Las Hilanderas para un hueco del Sábado. Vuelvo al hostal y pongo la tele. La Superabuela de Gràcia sentando cátedra. Suelto el mando.

Sábado 4 de Junio, 2:00 de la madrugada.

Despierto con el brazo izquierdo inmovilizado por mi cuerpo y presa de un espantoso hormigueo. La tele sigue en marcha. Pues sí que estaba cansado, pienso. Con la apasionante Teletienda el hormigueo empieza a remitir, pero en los dedos sigue remanente. Me alarmo pensando en posibles e inoportunas reproducciones de mi túnel carpiano en pleno concurso, pero luego pienso “al carajo”, y abro los ojos a las 7:00. El móvil está en modo silencio, pero no para de vibrar. Cientos de mensajes en el grupo de Whatssap de la Asociación Española de Puzzles. ¿Nadie duerme ya? Me ducho, agarro la valija de puzzles y como buen afincado en Cataluña, salgo a desayunar al Pans & Company de la Gran Via, que no tengo tiempo de ir a Botoneras 6 a por otro bocata de calamares. Mensajes de audio de mis hijos en el móvil “Papá, monta muy rápido el puzzle”. ¿Quién soy yo para defraudarles después de mi catastrófico Por Equipos de ajedrez? En pleno subidón paternal decido pasar del metro y seguir los consejos de Arturo Pomar, así que recorro La Gran Vía, la Cibeles, la Calle de Alcalá, paso por El Retiro y llego a la sede del Campeonato, el Hotel Novotel Center de O’Donnell. Estoy sobreexcitado pero trato de pensar en mantras de George Harrison y en La Undécima para olvidar la competición, ya solo una hora distante. Entro en el hotel. Veo caras que me suenan de perfiles de Facebook y Whatssap. Alguien me reconoce y me saluda. Se rompe el hielo para los nuevos como yo. El gens una sumus también vale para los puzzleros. Conozco por fin en directo a Soraya Pérez Carayol, mi compañera de la competición por parejas, después de haber preparado por Whatssap el torneo. Poco antes del inicio del individual, abren la sala. Aquello es el Bernabéu. Confío en que no me dé el miedo escénico de Jorge Valdano. Pantallas con cronómetros, 211 participantes y decenas de controladores con el peto verde fosforito de la AEPUZZ. Entre ellos, una señora que me preguntó por Whatssap desde Asturias por un puzzle de Brueghel. El mundo es un pañuelo.

El speaker presenta el concurso. La tensión me viene de golpe. Tres, dos, uno, ¡ya! Abro la caja con una torpeza inusitada (veinte segundos) y volteo las piezas separando bordes en cinco minutos y medio. Demasiado tiempo. Armo la maceta, los sombreros, el suelo de terracota. Cuando ataco las hojas, advierto que la maceta está al revés y la volteo pensando en mantras. Dejo las flores para el final, será el impulso (este chiste es para gente de mi edad). Se dilucida el campeón cuando me restan las flores blancas y parte del verde. Es clave no desconcentrarse ni desanimarse con esos aplausos ni tener bajadas de tensión, hay que quedar lo mejor posible y darlo todo. Clasifico en plan anárquico algunas flores y enfilo la recta final colocando al toque. Tengo desde hace dos minutos al lado a la controladora que me preguntó hace meses por el puzzle de Brueghel. Acabo. Noveno puesto. Me confirman que he sido el mejor debutante. No puedo describir lo que siento en esos momentos. Habría firmado quedar entre los quince primeros antes de la prueba. Tengo que salir de la sala para calmarme.

Durante unos minutos doy vueltas por ahí e intento digerir el inesperado éxito. Conecto el móvil para hacer un poco de community manager de mí mismo, que la hinchada de Barcelona espera noticias (bueno, seguro que están preparando la paella o la calçotada antes que seguirme, pero de ilusión también se vive). Suena mi aparatito. A veces algún cliente me llama el fin de semana y el número que reluce en la pantallita no me suena, así que pongo voz de operadora, “Alejandro Darias de Aridar, dígame”. Es Conchita (COPS en este foro), la destinataria de los puzzles de mi valija diplomática. Adopto mi voz normal de nuevo. Me está buscando por la sala justo por el único ángulo muerto existente y nos encontramos los dos con el celular en la oreja. Típica situación cómica de los tiempos actuales. Le entrego cuatro rompecabezas incunables adquiridos en el Poble Sec, Vilanova i La Geltrú y El Prat mediante Wallapop. Sí, durante mis visitas profesionales también investigo tiendas donde puedan vender puzzles. En una cafetería, hablamos de las grandezas y miserias de la vida del freelance. Nos despedimos. Es cerca de la una del mediodía y decido ir a la cercana tienda de puzzles J de Juegos a revivir el cuento de la Cenicienta puzzlera. Cada participante del Individual – y por la tarde, del Por Parejas – ha recibido una pieza suelta de un puzzle de 1000 piezas, adherida a una tarjeta postal con dedicatoria manuscrita, y si encaja con el ejemplar colgado en el escaparate de la tienda se llevará la intemerata de regalos… Mi pieza se transforma en calabaza y desaparece envuelta en estrellas cuando se halla frente a frente al puzzle incompleto. Bueno, creo que eso de las estrellas es producto de la cerveza que me ha afectado más de la cuenta, y es que llevo quinientos años sin beber. Justo cuando me propongo darme un salto al Prado para visitar algunos de mis obras de arte favoritas, me encuentro a Soraya Pérez Carayol y a su familia en la tienda. “¿Te vienes a comer con nosotros?”, dicen. “Sí”, contesto, “y hay que repasar las tácticas de esta tarde”, añado. El Bosco se revuelve en su tumba y Velázquez hace novillos del Ministerio del Tiempo para recriminarme el poco respeto que tengo por su obra. Le contesto al maestro que no se queje, que dos de los tres puzzles de 10000 piezas de Educa son reproducciones de sus lienzos – Hilanderas y Las Lanzas - y lo mando a pintar bisontes a Altamira. En fin, para no aburrirles más, y como viene siendo habitual en mí, cambio la cultura por un par de huevos estrellados con patatas. Agua mineral, que soy muy pofesional. Esto es como tomarse una tarta de chocolate y un café con sacarina para adelgazar. Cultura de desayuno y tres platos de almuerzo, como decía un muñonero. Sé que se recomienda el pescado azul antes de cualquier desgaste mental, pero qué cojones… Sobremesa y vuelta al hall del hotel, que se empieza a llenar de participantes.

En la previa al pistoletazo de salida y ya con la imagen del lateral de la caja a la vista, Soraya y yo hablamos de cómo debemos clasificar, después de repasar la estrategia general. Me las doy de agorero y sentencio “acabaremos con el agua, que es lo más difícil”. Se da el pistoletazo de salida y, por supuesto, el agua es lo primero que acabo. Llevamos un ritmo frenético en los primeros veinte minutos encajando piezas al toque y ya me imagino rodeados de cámaras y coronas de laurel, y siendo entrevistados por Matías Prats y protagonista de memes, hasta que le llega el turno a la vegetación con cachirulos amarillos. Hay zonas que no las saco ni jarto vino. Prometo a mis amigos canariones seguidores de la UD Las Palmas, que esta vez el amarillo no tiene nada que ver con mi quebranto. Soraya, mientras tanto, ha acabado el pueblo italiano al pie de una montaña sin despeinarse y acude al rescate. Lo primero que hace es voltear un grupo de cuatro piezas 90 grados que me tenía loco y encajarlos bien, resolviendo la mitad de mi entuerto en dos segundos. Se deshace el bloqueo, aceleramos de nuevo y acabamos a ritmo frenético. Octavos de 248 participantes. La pareja de rusas – actuales campeonas de Europa - nos han superado por 29 segundos. Otro subidón, algo mitigado - pero muy poco, ¿eh? - por lo cerca que estuvimos de ser los mejores debutantes y de poner en aprieto a las superestrellas.

En la entrega de premios, un servidor tiene que subir cuatro veces al escenario a recoger premios (dos con Soraya), para jocosidad de los presentes. “Hombre, Alejandro, cuánto tiempo sin verte”, me dice el speaker a lo Pepe Reina a la tercera vez que subimos a recoger el premio al octavo puesto de parejas. La ley de la conservación de la materia se cumple: Acudo a Madrid con cuatro puzzles y regresaré a Hospitalet con cinco. Cuatro de regalo y el de la prueba individual. Aparte de muchos detalles como llaveros de la AEPUZZ, un delicioso puzzle de madera de una emprendedora que apuesta por la comercialización de su afición para salir adelante (grande esta gente tan valiente). Mientras regreso al hostal, soy consciente de que el día que ha pasado será inolvidable. El brillo en los ojos de tanta gente que ha venido desde todos los rincones de España quedará imborrable en mis retinas. En mi habitación, conecto la tele. María Pujalte y Ernesto Alterio protagonizan un plagio de “El graduado”. O de la telenovela “Cristal”, no puedo analizarlo bien. De súbito,la pantalla del televisor aparece dividida por 500 piezas de puzzle de la marca Ravensburger. Cierro los ojos.

ADM-Soraya Pérez-Su Domímguez - Alba Navarro - Azucena Esteban
Octavo puesto en parejas
Los dos puzzles del concurso
La Cibeles
Las Torres Blancas