SOBRE MÍ

¡Hola, amigo! Me presento: Soy Alejandro. En mi hoja de servicios pone que soy arquitecto especializado en eficiencia energética, pero déjame contarte un secreto. También soy un apasionado de los puzzles. No me acuerdo de cuándo fue la primera vez que tuve un rompecabezas delante de mis narices, pero sí tengo claro de que con seis años de edad, pedí uno de cinco mil piezas de regalo de cumpleaños. No me preguntes porqué lo hice. Esa es la edad en donde los recuerdos se suspenden como nubes que flotan en la nada. Recibí uno de cincuenta o cien piezas y ésa fue la primera lección que aprendí como proyecto de puzzlero: las etapas hay que quemarlas poco a poco, y primero hay que saber cómo caminar antes de plantearse correr. 
Con siete u ocho años apareció por casa un puzzle de 220 piezas de la marca Educa, con una imagen de la Cala Figueras de Mallorca. Si revisamos hoy en día las clasificaciones de los niños que participan en los Campeonatos de España en las pruebas de Infantil B - 8 y 9 años, 200 piezas - vemos que el ganador finaliza en una media hora, y el último en dos. Sin ruborizarme declaro que el puzzle balear me causó no pocos quebraderos de cabeza, y que si entonces me hubiesen presentado a un concurso, habría quedado después del último. Pero seguí creciendo y aumentando el número de mis circunvoluciones cerebrales, y en unas Navidades llegó a casa una caja de Educa de la Serie Trébol sobre motivos circenses: Un puzzle de 300 piezas de un domador con leones, otro de cuatrocientas piezas de unos elefantes amaestrados, y uno de 500 - ¡mi primer 500! -, con la cara de tres payasos. Me resultó tan difícil que lo tuve que abortar varias veces y volverlo a empezar desde cero porque montaba los rompecabezas en la misma mesa de los deberes, y era incapaz de finalizarlo en una sola sesión diaria para evitar que alguna pieza terminase perdida entre los libros de Matemáticas o Área Social.
Frisando los once años, salté hacia el mágico mundo de las 1000 piezas, no sin antes hacer una pequeña escala en dos puzzles de 750 piezas de la marca Shannon de una estampa marítima inglesa y un recodo de la ciudad de Hannover. Los habían comprado mis padres mucho tiempo atrás, cuando yo ni siquiera estaba programado, y estaban divididos en bolsas. Al principio, en sesiones dominicales que comenzaban por la mañana en casa de mis abuelos paternos y finalizaban bien entrada la tarde frente al televisor con series como "El increíble Hulk" o "Los nuevos vengadores", los montaba bolsa a bolsa, pero más tarde descubrí que el verdadero placer es olvidarse de montar los puzzles por partes y mezclarlo todo al principio en un acto orgásmico de total valentía. Toda una declaración de principios que he seguido hasta hoy y qme mantendré firme hasta que dé cuentas al Altísimo. Mis primeros 1000 fueron adquiridos en un pequeño viaje de fin de semana a la isla vecina de Gran Canaria, en el Corte Inglés de la Avenida Mesa y López. Iluso de mí, empecé a montar uno de ellos en la mesa redonda de la habitación de hotel, creyendo que lo acabaría, y ni siquiera llegué a completar los bordes. De vuelta en Santa Cruz, siguieron un montón de puzzles de casas alemanas y austriacas en entornos alpinos. Tengo grabado en mi corazón el puzzle más difícil de 1000 piezas que haya montado jamás, uno circular sobre un corzo. Todo negro, verde y castaño, y en colores uniformes. Creo sinceramente que ese rompezabezas subió mi nivel y mi afición, porque en la dificultad reside el máximo placer y descubrí que me iba la marcha y el desafío.
En 1984, con once años de edad, me enfrenté a mi primer 2000, un puzzle del Castillo de Chambord, que me llevó un verano entero montar. No cuento el mes de agosto porque viajamos a la Península a ver a muchos familiares en una tradición familiar, así que acabé un puzzle de 2000 piezas en mes y medio. ¿Prometía, verdad? Siguieron dos o tres años de ligero impass en los que mi floreciente afición por el fútbol y el Real Madrid se impuso, pero fui convenientemente recuperado para la causa cuando mi padre llegó un día a casa con la noticia de que se iba a celebrar un concurso de puzzles en el Parque García Sanabria de mi ciudad natal Santa Cruz de Tenerife, organizado por la mejor tienda de puzzles y maquetas de la urbe. Nos apuntó a mi hermano - de nueve años entonces - y a mí en nivel novel e iniciado, y fui con la única intención de hacerlo bien y de participar en algo fuera de lo común. Tocó un puzzle de 200 piezas de motivos de Disneyland. Me puse a montarlo como si estuviese en casa de mis abuelos, sin más pretensiones. Pasados muchos minutos, mi padre, que estaba vigilando lo que hacían todos los demás concursantes - creo que se lo tomaba más en serio que yo -, corrió a mi posición y, desde las vallas que cerraban la zona de concurso, me dijo "Vas el primero". Y primero acabé, y para más inri, finalicé el puzzle antes que el primer clasificado del grupo expertos. Fue una sensación extraña, de repente con catorce años me encontraba que era el tipo más rápido de la isla montando puzzles. A esa victoria siguieron seis más, en el intervalo de los años 1988 y 1990. No sabía cómo, pero bajo la presión del reloj tenía un sexto sentido para saber en un segundo dónde iban las piezas más díscolas. Gracias a esos concursos y a sus jugosos premios en forma de rompecabezas - hoy algunos joyas de coleccionista - me metí de lleno en el montaje de los puzzles a gran escala, desde 5000 a 8000 piezas, que son sin duda los desafíos que más me han llenado. Me cargué mi primer 5000 en los meses prenavideños de 1989, un puzzle de un pueblecito costero de Italia, Positano. Casi monté el 7500 de Schmidt del skyline nweyorkino en 1989, casi monté el clásico de Educa "Los fusilamientos del dos de Mayo" en el verano de 1990 - ambas misiones abortadas por utilización de la habitación para otros menesteres -, me cepillé el 7500 de las Dolomitas de Schmidt en el segundo semestre de mi primer año de carrera, montándolo en el suelo de mi cuarto de la residencia de estudiantes en el Hotel Los Frailes de Tafira en Gran Canaria (sí, me cambié de isla por necesidad académica),  y con el consiguiente cariñoso enfado de la limpiadora, que veía que no podía pasar la escoba por allí.
Puzzle de mi primer concurso
Castillo de Chambord (2000, Diset). Mi primer 2000
Positano (5000, Falcon). Mi primer 5000
Llegaron dos traslados más, uno al pueblo de Santa Brígida y otro a 2000 km de distancia, y lamentablemente, durante muchísimos años a partir de 1991, mi participación en concursos se redujo a dos ediciones del certamen de Puzzlemanía en la Estación de Sants de Barcelona, ciudad donde resido desde 1994. Los estudios, los deportes y otros vicios como el ajedrez hicieron frente a mi pasión puzzlera y lograron arrinconarla durante más de dos décadas a algunos intentos esporádicos de montaje de algún 5000 en periodo vacacional, insuficiente tiempo para un rompecabezas de ese calibre. También adquirí con uno de mis primeros sueldos recién empezada mi andadura profesional, un puzzle de 13.200 piezas de la marca Clementoni titulado "Lahaina visions", pero entonces tropecé con uno de los males endémicos de la sociedad actual: no tenía apenas tiempo para él y no pasé de medio borde y de mil piezas de pececitos, así que lo arrinconé. No fue sino hasta 2012, año en el que descubrí mediante San Google que en Internet había muchos locos como yo en el foro Puzzleando, que me reenganché al puzzle e incluso advertí que el mundo de las competiciones estaba en completo auge y que incluso se celebraba un multitudinario Campeonato de España, un Europeo de 24 horas en Bélgica y multitud de encuentros. Vendí el puzzle Lahaina Visions por despecho a un participante del foro por poco precio - maldita sea, hoy es un objeto de coleccionismo que alcanza los 300 € -, pero poco a poco entré de nuevo en calor en la arena puzzlera con el Gernika de 3000 piezas - el puzzle de La Graduación para los entendidos -, y así permanezco hasta hoy, recuperando el tiempo perdido. Dame una hora y un rompecabezas de 500 piezas si quieres comprobarlo.
No vendas nunca reliquias.

2 comentarios:

  1. Hola, Alejandro. No consigo ver la fecha de esta entrada de presentación tuya propia.
    En cualquier caso, no me extenderé aquí en mi comentario de tu escrito. Solamente decirte que estoy encantando de haber conocido este año 2017 que ya pronto finaliza, (aparte del tema profesional en el que me has ayudado muy bien) a un puzzlero de tu categoría.

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  2. Hola Alejandro, soy Francis desde Fuerteventura, tu amigo de carrera insular, decirte que yo también he sentido esa sensación de desafío y absorción delante de un puzzle pero me acabo de enterar de tu afición y de los concursos de puzzles, aquí en esta isla no he oído nunca nada de esto, decirte que he tenido uno aparcado hace mucho tiempo de 2000 piezas del museo guggenheim de Bilbao que guardo para ratos de calma y ahora me asaltan esos recuerdos del olor a piezas nuevas y bienestar como evasión delante de los puzzles que he construido y que lamentándolo no lo tengo tan detallado como tú, me alegra ver que estas bien y que has conseguido publicar este libro, yo estoy en mi intento de publicación de algo que no se si saldrá. Mucho ánimo y suerte en estos días tan extraños para todos. Saludos! Francis

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