jueves, 15 de septiembre de 2016

3. VII Campeonato de España de Puzzles (4/6/2016, Madrid)

Viernes 3 de Junio, 5:00 de la mañana.

Despertar, ducha rápida y viaje en metro desde Hospitalet de Llobregat hasta la otra punta de Barcelona para coger el autobús de ALSA rumbo a Madrid. El convoy sale a las 7:00. Son casi ocho horas de viaje en las cuales me leo entero el libro de David Vivancos Allepuz “Las jugadas intermedias”. Entre otros, grande ese cuento de “Paridad” que demuestra la parida de ciertos elementos lingüísticos de cuyos nombres no quiero acordarme. Veo la película “Código fuente” en la pantallita que lleva el asiento – sin sonido y sin subtítulos -, duermo algo y fantaseo sobre el día siguiente con la excitación de lo desconocido. Llego a Madrid a las 15:00 de la tarde, cojo el metro cargado con mi maleta y una valiosa valija de cuatro puzzles encargo de una amiga. Destino: el barrio de Chueca, Hostal Zamora. Me alojo y descanso una hora solamente, ya que hay agenda apretada. Visita de cuatro tiendas de puzzles especializadas, paso por el Museo del Prado y degustación del bocadillo de calamares de la Calle Botoneras 6, al lado de La Plaza Mayor. Al final, como ya me pasó una vez en un viaje de estudios con la disyuntiva de escoger ver en directo un partido Bologna-Milán o la Torre Inclinada de Pisa, veo que no me da tiempo a ir al Prado y escojo cenar bocata de calamares y visitar el Museo del Jamón. La carne es débil. Bueno, el calamar, también. Decido dejar la observación de los hitos puzzleros El Jardín de Las Delicias, Los Fusilamientos del 3 de Mayo o Las Hilanderas para un hueco del Sábado. Vuelvo al hostal y pongo la tele. La Superabuela de Gràcia sentando cátedra. Suelto el mando.

Sábado 4 de Junio, 2:00 de la madrugada.

Despierto con el brazo izquierdo inmovilizado por mi cuerpo y presa de un espantoso hormigueo. La tele sigue en marcha. Pues sí que estaba cansado, pienso. Con la apasionante Teletienda el hormigueo empieza a remitir, pero en los dedos sigue remanente. Me alarmo pensando en posibles e inoportunas reproducciones de mi túnel carpiano en pleno concurso, pero luego pienso “al carajo”, y abro los ojos a las 7:00. El móvil está en modo silencio, pero no para de vibrar. Cientos de mensajes en el grupo de Whatssap de la Asociación Española de Puzzles. ¿Nadie duerme ya? Me ducho, agarro la valija de puzzles y como buen afincado en Cataluña, salgo a desayunar al Pans & Company de la Gran Via, que no tengo tiempo de ir a Botoneras 6 a por otro bocata de calamares. Mensajes de audio de mis hijos en el móvil “Papá, monta muy rápido el puzzle”. ¿Quién soy yo para defraudarles después de mi catastrófico Por Equipos de ajedrez? En pleno subidón paternal decido pasar del metro y seguir los consejos de Arturo Pomar, así que recorro La Gran Vía, la Cibeles, la Calle de Alcalá, paso por El Retiro y llego a la sede del Campeonato, el Hotel Novotel Center de O’Donnell. Estoy sobreexcitado pero trato de pensar en mantras de George Harrison y en La Undécima para olvidar la competición, ya solo una hora distante. Entro en el hotel. Veo caras que me suenan de perfiles de Facebook y Whatssap. Alguien me reconoce y me saluda. Se rompe el hielo para los nuevos como yo. El gens una sumus también vale para los puzzleros. Conozco por fin en directo a Soraya Pérez Carayol, mi compañera de la competición por parejas, después de haber preparado por Whatssap el torneo. Poco antes del inicio del individual, abren la sala. Aquello es el Bernabéu. Confío en que no me dé el miedo escénico de Jorge Valdano. Pantallas con cronómetros, 211 participantes y decenas de controladores con el peto verde fosforito de la AEPUZZ. Entre ellos, una señora que me preguntó por Whatssap desde Asturias por un puzzle de Brueghel. El mundo es un pañuelo.

El speaker presenta el concurso. La tensión me viene de golpe. Tres, dos, uno, ¡ya! Abro la caja con una torpeza inusitada (veinte segundos) y volteo las piezas separando bordes en cinco minutos y medio. Demasiado tiempo. Armo la maceta, los sombreros, el suelo de terracota. Cuando ataco las hojas, advierto que la maceta está al revés y la volteo pensando en mantras. Dejo las flores para el final, será el impulso (este chiste es para gente de mi edad). Se dilucida el campeón cuando me restan las flores blancas y parte del verde. Es clave no desconcentrarse ni desanimarse con esos aplausos ni tener bajadas de tensión, hay que quedar lo mejor posible y darlo todo. Clasifico en plan anárquico algunas flores y enfilo la recta final colocando al toque. Tengo desde hace dos minutos al lado a la controladora que me preguntó hace meses por el puzzle de Brueghel. Acabo. Noveno puesto. Me confirman que he sido el mejor debutante. No puedo describir lo que siento en esos momentos. Habría firmado quedar entre los quince primeros antes de la prueba. Tengo que salir de la sala para calmarme.

Durante unos minutos doy vueltas por ahí e intento digerir el inesperado éxito. Conecto el móvil para hacer un poco de community manager de mí mismo, que la hinchada de Barcelona espera noticias (bueno, seguro que están preparando la paella o la calçotada antes que seguirme, pero de ilusión también se vive). Suena mi aparatito. A veces algún cliente me llama el fin de semana y el número que reluce en la pantallita no me suena, así que pongo voz de operadora, “Alejandro Darias de Aridar, dígame”. Es Conchita (COPS en este foro), la destinataria de los puzzles de mi valija diplomática. Adopto mi voz normal de nuevo. Me está buscando por la sala justo por el único ángulo muerto existente y nos encontramos los dos con el celular en la oreja. Típica situación cómica de los tiempos actuales. Le entrego cuatro rompecabezas incunables adquiridos en el Poble Sec, Vilanova i La Geltrú y El Prat mediante Wallapop. Sí, durante mis visitas profesionales también investigo tiendas donde puedan vender puzzles. En una cafetería, hablamos de las grandezas y miserias de la vida del freelance. Nos despedimos. Es cerca de la una del mediodía y decido ir a la cercana tienda de puzzles J de Juegos a revivir el cuento de la Cenicienta puzzlera. Cada participante del Individual – y por la tarde, del Por Parejas – ha recibido una pieza suelta de un puzzle de 1000 piezas, adherida a una tarjeta postal con dedicatoria manuscrita, y si encaja con el ejemplar colgado en el escaparate de la tienda se llevará la intemerata de regalos… Mi pieza se transforma en calabaza y desaparece envuelta en estrellas cuando se halla frente a frente al puzzle incompleto. Bueno, creo que eso de las estrellas es producto de la cerveza que me ha afectado más de la cuenta, y es que llevo quinientos años sin beber. Justo cuando me propongo darme un salto al Prado para visitar algunos de mis obras de arte favoritas, me encuentro a Soraya Pérez Carayol y a su familia en la tienda. “¿Te vienes a comer con nosotros?”, dicen. “Sí”, contesto, “y hay que repasar las tácticas de esta tarde”, añado. El Bosco se revuelve en su tumba y Velázquez hace novillos del Ministerio del Tiempo para recriminarme el poco respeto que tengo por su obra. Le contesto al maestro que no se queje, que dos de los tres puzzles de 10000 piezas de Educa son reproducciones de sus lienzos – Hilanderas y Las Lanzas - y lo mando a pintar bisontes a Altamira. En fin, para no aburrirles más, y como viene siendo habitual en mí, cambio la cultura por un par de huevos estrellados con patatas. Agua mineral, que soy muy pofesional. Esto es como tomarse una tarta de chocolate y un café con sacarina para adelgazar. Cultura de desayuno y tres platos de almuerzo, como decía un muñonero. Sé que se recomienda el pescado azul antes de cualquier desgaste mental, pero qué cojones… Sobremesa y vuelta al hall del hotel, que se empieza a llenar de participantes.

En la previa al pistoletazo de salida y ya con la imagen del lateral de la caja a la vista, Soraya y yo hablamos de cómo debemos clasificar, después de repasar la estrategia general. Me las doy de agorero y sentencio “acabaremos con el agua, que es lo más difícil”. Se da el pistoletazo de salida y, por supuesto, el agua es lo primero que acabo. Llevamos un ritmo frenético en los primeros veinte minutos encajando piezas al toque y ya me imagino rodeados de cámaras y coronas de laurel, y siendo entrevistados por Matías Prats y protagonista de memes, hasta que le llega el turno a la vegetación con cachirulos amarillos. Hay zonas que no las saco ni jarto vino. Prometo a mis amigos canariones seguidores de la UD Las Palmas, que esta vez el amarillo no tiene nada que ver con mi quebranto. Soraya, mientras tanto, ha acabado el pueblo italiano al pie de una montaña sin despeinarse y acude al rescate. Lo primero que hace es voltear un grupo de cuatro piezas 90 grados que me tenía loco y encajarlos bien, resolviendo la mitad de mi entuerto en dos segundos. Se deshace el bloqueo, aceleramos de nuevo y acabamos a ritmo frenético. Octavos de 248 participantes. La pareja de rusas – actuales campeonas de Europa - nos han superado por 29 segundos. Otro subidón, algo mitigado - pero muy poco, ¿eh? - por lo cerca que estuvimos de ser los mejores debutantes y de poner en aprieto a las superestrellas.

En la entrega de premios, un servidor tiene que subir cuatro veces al escenario a recoger premios (dos con Soraya), para jocosidad de los presentes. “Hombre, Alejandro, cuánto tiempo sin verte”, me dice el speaker a lo Pepe Reina a la tercera vez que subimos a recoger el premio al octavo puesto de parejas. La ley de la conservación de la materia se cumple: Acudo a Madrid con cuatro puzzles y regresaré a Hospitalet con cinco. Cuatro de regalo y el de la prueba individual. Aparte de muchos detalles como llaveros de la AEPUZZ, un delicioso puzzle de madera de una emprendedora que apuesta por la comercialización de su afición para salir adelante (grande esta gente tan valiente). Mientras regreso al hostal, soy consciente de que el día que ha pasado será inolvidable. El brillo en los ojos de tanta gente que ha venido desde todos los rincones de España quedará imborrable en mis retinas. En mi habitación, conecto la tele. María Pujalte y Ernesto Alterio protagonizan un plagio de “El graduado”. O de la telenovela “Cristal”, no puedo analizarlo bien. De súbito,la pantalla del televisor aparece dividida por 500 piezas de puzzle de la marca Ravensburger. Cierro los ojos.

ADM-Soraya Pérez-Su Domímguez - Alba Navarro - Azucena Esteban
Octavo puesto en parejas
Los dos puzzles del concurso
La Cibeles
Las Torres Blancas

domingo, 22 de noviembre de 2015

2. III Concurso de Puzzles Casa La Carreres 2015 (Móra d'Ebre, Tarragona)

El 5 de Septiembre de 2015 se celebró la tercera edición del Concurso de Puzzles de la Juguetería Casa La Carreres, situada en la pequeña localidad tarraconense de Móra d'Ebre. El formato era individual a contrarreloj con modelo, y el puzzle escogido fue uno de 500 piezas con la imagen de cuatro caballos mirando al frente. Es curioso que tres meses antes, también me tocase montar un gatito y un perrito en el V Concurso de Puzzles Toy Planet, en el que quedé segundo, también en modalidad individual.

No fue un montaje fácil. Empezando por la dificultad añadida que tienen los animales en los rompecabezas (demasiado pelo ilocalizable), personalmente la Marca Ravensburger la he tocado muy poco, así que no estoy familiarizado con la diversidad de piezas. Como siempre insisto, el principal adversario en este tipo de certámenes es uno mismo, y no los otros concursantes, aunque sean formidables, como un par de chicas de Barcelona asiduas a los concursos en Cataluña que suelen llevarse muchísimos galardones, o la bicampeona de las ediciones de dicho concurso de 2013 y 2014, una mujer lituana residente en la zona.

Durante la primera media hora de montaje, más o menos fuimos todos igualados en el encaje de los bordes, el césped y los trocitos de fondo azul oscuro y lila. Fueron los caballos los que marcaron las diferencias posteriores, y aunque acabé el primero con cuatro minutos de ventaja sobre la concursante lituana, sufrí una considerable pájara antes de llegar a la hora de tiempo comparable a la temida "pared" de la maratón. No sé si falta de alimento, exceso de tensión o algún problema con la luz incidente sobre la mesa, pero el caso es que ya viene siendo habitual que me pase unos minutos en cada concurso sin poder encajar pieza. Por fortuna, superado este trance, cogí velocidad de crucero y tuve tiempo en constatar en una miniparada de segundos que iba el primero a falta de un centenar de piezas por colocar.

En resumen, una gran jornada, un premio de un resultón Ravensburger de 1000 piezas y seis bandejas clasificatorias (que yo, fiel a mi estilo de coger directamente de la caja para encajar no creo que utilice nunca), y un vale de cinco euros que gasté en otro puzzle de mil piezas de unos lápices de colores formando un círculo. Estos dos puzzles seguramente formarán parte de la batería que monte para el próximo World Puzzle Days de 2016, un evento organizado por Internet.
El puente de acceso a Móra d'Ebre, símbolo de la población
Sede del evento
Puzzle del concurso

Premio para el ganador
La central nuclear de Ascó, cerca de Móra d'Ebre

domingo, 7 de junio de 2015

1. V Concurso de Puzzles Toy Planet - Educa (6/6/2015, Terrassa, Barcelona)

Desde hacía casi dieciocho años no solamente no concursaba en ningún certamen de puzzles, sino que se podían contar con los dedos de la mano los rompecabezas que había montado desde entonces, así que estaba emocionado ante mi vuelta a los terrenos puzzleros, y también curioso por ver si podía hacer un buen papel después de tanto tiempo sin competir. Así que preferí pecar de prudente y llegué bastante tiempo antes a Terrassa por si las moscas y el miedo a no encontrar aparcamiento, cosa que no fue tan difícil. La suerte de haber trabajado en un plan urbanístico del cercano Barrio Segle XX y el GoogleMaps me hizo ir a tiro hecho a las calles colindantes con el Parc de Vallparadís, que tiene una piscina grande de cojones, en la que no se hacen largos, sino kilómetros.

Me planté en el recinto del concurso y pronto pude constatar que las advertencias de usar gorra por parte de algunos foreros estaban más que justificadas. Sol tremendo. Crema solar muy recomendable. Paseíto por la tienda Toy Planet, ir a por una botellita de agua en un bar de al lado y ver los encuentros de los concursantes me hicieron pasar bien la espera al reparto de números, mesas y pistoletazo de salida. Me había llevado un reloj digital de ajedrez para controlar el tiempo, decisión que fue muy acertada, ya que el speaker de la organización daba solamente los cuartos y la media hora, y los cinco minutos finales.

Concursé en la modalidad individual de 500 piezas. Como nota curiosa, después de confirmar la inscripción en la mesa, ya te daban la bolsa con las piezas del puzzle y traté de averiguar por dónde iban los tiros por los trocitos de imagen. Azul y amarillos-beiges con pelos. Puzzle difícil se adivinaba, sin dudas. En los primeros diez minutos sufrí un serio bloqueo después de separar las piezas por bordes y colores y no me entraba ni una, pero después empecé a montar lo que me parecían las formas peludas blancas de una bestia sabanera y fui haciendo a un ritmo normal obviando una parte azul que creía era de un lago, sobre todo teniendo en cuenta que no me podía quedar ninguna isla colgada. Por tanto, prioridad total, encontrar los pedúnculos que validasen el trabajo de montar islas de 20-30 piezas. Solamente a la media hora y un poco antes del final eché una vista rápida a mis compañeros de concurso a ver cómo iban, cosa que no recomiendo en absoluto, ya que la lucha es con uno mismo y ver cómo van los demás puede ser contraproducente, sobre todo si hay alguien que va como un tiro. A los 45 minutos se nos entregó la caja con la imagen y vi con jocosidad que la bestia de la sabana africana en el lago era en realidad un cachorrín de golden retriever y un gatito, y el lago, una pared pintada de azul.

En los últimos quince minutos agarré la directa y pude montar todo lo que no era azul, aproximadamente 350 piezas del puzzle. Pasé olímpicamente de acabar los bordes. Y, como en Masterchef, después de los tres últimos segundos finales cantados, se nos instó a poner los brazos en alto. Aplauso caluroso y paseo que me pegué (ahora sí) a ver cómo pintaba la cosa. Deduje que estaba entre los tres o cuatro primeros, así que en la entrega de premios, me llevé una sorpresa muy agradable cuando me anunciaron que había quedado subcampeón. Después de casi veinte años sin competir y habiendo hecho muy pocos puzzles (con los dedos de la mano se pueden contar), me llevé una alegría muy grande. Lástima del bloqueo que sufrí, pensé entonces, y ¡es que soy competitivo por naturaleza! Rememoré sensaciones de cuando era un adolescente y concursaba en Tenerife en los certámenes de la Casa Portuguesa, así que puede decirse que hoy viajé en el tiempo.

Felicitaciones a la ganadora del individual (llegó a montar los bordes y alguna fila más, además del gatito y el perrito), a los demás ganadores de las otras categorías y a todos los que participaron, que demostraron que la afición puzzlera sigue vigente. Por cierto, el puzzle de 1000 piezas para parejas era muy, pero que muy difícil. Se anunció que habría sexta edición para el año 2016. Y comentando impresiones en algunos foros de Facebook, entre algunos participantes llegamos a las siguientes conclusiones:

1) Puzzles para los tres primeros clasificados por categoría de cierto tamaño. 3000 ganador, por ejemplo; 2000 segundo. No neveras ni los vales para comidas que se dieron de premios.
2) Poner un cronómetro digital a la
vista de todos para ver cuánto tiempo queda.
3) Bases claras, especialmente especificando premios y aspectos técnicos del concurso (horario, recuento de piezas, las tres categorías simultáneas...)
4) Aumentar la inscripción a tres euros y dar un botellín de agua a cada participante. A mí no me parece mal que sea al sol.
5) Que el puzzle de parejas sea de 500 piezas.

En todo caso, a mí lo que me gusta es la adrenalina de la competición, y repetiré el año que viene, con bastante más rodaje.
Una hora antes de empezar
Exterior de la tienda Toy Planet en Terrassa
Agua y cronómetro improvisado
Todos los puzzleros en plena acción. 
El difícil puzzle de 1000 piezas para parejas
Así acabó mi puzzle en la hora de tiempo.

Y...¡segundo premio individual!